Desde Argentina surge una antología que reúne a poetas latinoamericanos radicados en Francia, bajo un título cargado de melancolía: Tal vez un jueves de otoño. Inspirado en César Vallejo, el libro explora cómo la identidad y el lenguaje se transforman en el exilio, donde el otoño deja de ser solo una estación para convertirse en metáfora de pérdida, distancia y renacimiento.
El compilador, Horacio Maez, poeta y traductor argentino, plantea una pregunta central: ¿qué ocurre con la lengua materna cuando se vive lejos del país de origen? Después de más de cinco décadas en París, Maez confiesa que todavía sueña y piensa en español. Entre sus colegas, sin embargo, las respuestas varían: algunos han adoptado el francés como idioma dominante, mientras otros se mantienen fieles al español como única voz interior.
La antología recuerda que, a lo largo del tiempo, escritores como Ionesco, Beckett y Kundera cambiaron al francés tras integrarse a la cultura gala, mientras que Cortázar, Joyce y Vallejo se aferraron a su lengua natal. Vallejo, de hecho, ocupa un lugar emblemático: su obra y su célebre poema sobre la muerte en París todavía resuenan como un faro para la literatura latinoamericana.
El desarraigo atraviesa los textos reunidos. En ellos se percibe la tensión entre la herencia americana y la influencia europea, un cruce que da origen a una poesía híbrida, nutrida tanto por paisajes naturales como urbanos. Ese choque de mundos permite a los autores ampliar sus propios territorios creativos y el horizonte de quienes los leen.
A veces, el poeta siente cómo el idioma de origen se debilita y aparecen palabras que, aunque familiares, suenan ajenas, como ecos vacíos. Pero el vínculo con la lengua vuelve siempre, fluyendo con naturalidad, como un río que encuentra su cauce.
La obra cierra con un poema de Eduardo Uribe, que inicia evocando el “efecto mariposa” y sugiere que, incluso fragmentada, la vida encuentra sentido en la corriente humana que atraviesa París. Con serenidad, el autor reconoce que, aunque vive en la capital francesa, en su corazón persiste la intuición de que vida y muerte danzan siempre bajo el mismo cielo.
Este universo literario, nostálgico y vibrante, invita a reflexionar sobre la experiencia migratoria y la identidad cultural. Es un recordatorio de que, incluso lejos de casa, la lengua materna sigue siendo un territorio íntimo donde los poetas latinoamericanos continúan encontrándose.