Las antiguas pelotas utilizadas en el Juego de Pelota Mesoamericano eran elaboradas con látex extraído del árbol Castilla elastica, mezclado con jugos de plantas como Ipomoea alba para producir un caucho resistente y elástico; de acuerdo con investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), este avanzado proceso tecnológico era conocido por las culturas mesoamericanas desde hace más de tres mil años; entre los hallazgos más relevantes destacan las esferas descubiertas en El Manatí, Veracruz, asociadas a la cultura olmeca y fechadas alrededor de 1700 a.C.
Para los pueblos mesoamericanos, el hule poseía un profundo significado ritual; estaba relacionado con la sangre, la fertilidad y la regeneración de la vida, mientras que la pelota simbolizaba el movimiento de los astros y los ciclos cósmicos; por ello, los encuentros no eran simples competencias deportivas, sino ceremonias ligadas al equilibrio del universo, la renovación agrícola y las creencias religiosas.
Entre las evidencias arqueológicas más importantes se encuentra una pelota de hule de 851 gramos, considerada una de las muestras más antiguas de esta tecnología; la pieza fue localizada en un contexto ceremonial asociado a zonas pantanosas de tradición olmeca y actualmente forma parte de la colección del Museo de la Grandeza Teotihuacana.
Debido a que el hule se degrada naturalmente con el paso del tiempo, la pelota se mantiene bajo estrictas condiciones de conservación; el objeto permanece dentro de una cápsula especializada con temperatura controlada, humedad regulada y niveles reducidos de oxígeno para retrasar su deterioro y garantizar su preservación para futuras generaciones.