La ¿última? aventura de Bruna

A Rosa Montero no le gusta la crítica literaria; a decir verdad, a ningún autor le gusta, y en general tienen razón, se ha convertido más que en algo imparcial y razonado, en una manera de atacar o en su defecto lambisconear a la persona más que al contenido del texto que se pretende criticar.

Y cuando no es así, los críticos suelen más bien contar la anécdota y fusilarse la solapa o contraportada y luego poner un comentario inocuo para justificar su texto.

No es la intención de esta nota, que más que una crítica pretende ser una recomendación del nuevo libro de Montero, Animales difíciles y con el que cierra su serie de ciencia ficción cuya protagonista es Bruna Husky, una replicante de combate con una raya tatuada que divide en dos su cuerpo y que la distingue de los demás replicantes de combate, convertida en detective y que empezó con Lágrimas en la lluvia; en esta última entrega Bruna tendrá que enfrentarse no sólo ante un poderoso enemigo que intenta, como suelen hacer siempre los malos, acabar con el mundo conocido, también con sus propios problemas, principalmente el cambio de cuerpo que sufrió cuando para salvarla de una muerte segura, sus amigos consiguieron cambiar su cerebro a un nuevo cuerpo, sólo que a diferencia del anterior este mide cuarenta centímetros menos, y no es de combate sino tristemente de cálculo y más bien debilucho, aunque lo que le falta de fuerza lo compensa con inteligencia.

De esta manera el lector se verá sumergido en una trama compleja, pero al mismo tiempo vertiginosa y extraordinariamente parecida a lo que sucede en la actualidad, en prácticamente todo el mundo, y además se verá inmerso en los problemas que tiene la propia Bruna para lidiar con un cuerpo que no termina de sentir suyo y que la hace sentirse débil y vulnerable físicamente, amén de la perdida de la autoestima y la inseguridad que siente psicológicamente.

A lo largo de 366 páginas el lector conocerá los peligros que entrañan el desarrollo de una superinteligencia artificial capaz de autoeducarse y retroalimentarse sin ninguna intervención humana, de políticos corruptos que permitirán que no haya ningún tipo de restricciones éticas o morales para conseguir lo que les dé su gana y al mismo tiempo serán testigos de la lucha de Bruna por adaptarse a un cuerpo que le impide no sólo realizar de manera más efectiva físicamente su trabajo detectivesco, sino a su renovado temor por la muerte a su consuetudinaria inseguridad con respecto a amar y ser amada y a aceptar y tolerar el deterioro del amigo que ha estado a su lado en las buenas y en las malas y que muchas veces ella no ha sabido tratar.

Foto X: @LibreriadelaU

La prosa de Rosa Montero es ágil y de fácil lectura, su lenguaje, aunque tiene uno que otro coloquialismo, no impide que se entienda cabalmente lo que pasa y el lector tiene la sensación de estar ante una autora poco complicada que le facilita la lectura, aunque en realidad Animales difíciles es mucho más que un libro de ciencia ficción entretenido y con una protagonista que subyuga.

De hecho, llama la atención la fascinación que ejerce ese personaje entre los fanáticos de la autora, Bruna es por decir lo menos un personaje resentido que odia al mundo y se odia a sí misma, poco empática y a veces bastante egoísta que da por sentado a sus amigos y a la que le cuesta muchísimo demostrar su amor y empatía, y al mismo tiempo se preocupa por ser justa, está del lado de los débiles y siempre trata de hacer lo correcto.

Y uno se pregunta ¿cómo es posible entonces que un personaje así tenga tanto éxito al grado de que las lectoras sean capaces de pintarse una raya en la cara para asemejarse a ella?

La respuesta nos la da la propia Rosa, quien ha sabido reflejar en un personaje así lo que sienten muchas mujeres en la actualidad, ese miedo a la muerte, esa dualidad entre lo que son y lo que quieren ser, ese coraje contra todo y que les ha impedido realizar sus sueños en un siglo XXI que prometía mucho y que en los 25 años que lleva le ha fallado tanto a las mujeres en todo el mundo, sin contar con la habilidad que tiene para llevar al lector por donde ella quiere, de una manera tan sutil que no se dan cuenta de la manera en que las arrastra a través de todo el libro, es como si tuvieran una argolla en la nariz que la autora estirara y aflojara a placer.

Animales difíciles es la muestra de cómo una autora ha sabido reinventarse y cambiar toda su manera de escribir que no es nada sencillo de ejecutar sino todo lo contrario para estar de acorde a lo que los lectores esperan de una escritora con una carrera tan larga y prolífica como la de Rosa Montero y que, para beneplácito de sus seguidoras, tiene todavía muchísimo que dar.

Animales difíciles, Rosa Montero, Editorial Planeta, 366 pp. 2025.

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