El Museo de Bellas Artes de Sevilla presenta una exposición dedicada a la familia Bécquer que saca a la luz una de las facetas menos conocidas de Gustavo Adolfo Bécquer: su talento como dibujante. La muestra incluye un apartado inédito centrado en sus dibujos satíricos, muchos de ellos protagonizados por esqueletos, reunidos en hojas sueltas, dos álbumes completos y un pequeño cuaderno anexo que permiten apreciar la destreza, ironía y originalidad temática del autor de Rimas y leyendas.
Según destacó la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, la exposición pone en valor la calidad, precisión y agudeza gráfica del poeta sevillano. Para la directora del museo, Valme Muñoz, se trata de la primera ocasión en que estos dibujos se presentan al público con la atención que merecen, reivindicando así una dimensión artística poco difundida de su legado.
Bécquer no solo cultivó la poesía, la prosa y el periodismo, sino que también plasmó su imaginación en dibujos realizados en cartas, manuscritos, cuadernos y álbumes. Su inclinación artística estaba profundamente ligada a su entorno familiar: era hijo de José Domínguez Bécquer, pintor y origen de una saga de artistas; sobrino del reconocido pintor costumbrista Joaquín Domínguez Bécquer, y hermano de Valeriano, uno de los dibujantes más destacados de mediados del siglo XIX.
Nacido en Sevilla en 1836, Gustavo Adolfo ingresó con apenas 12 años en la Escuela de Bellas Artes, entonces ubicada en el actual museo, aunque pronto abandonó la formación académica por considerarla monótona. Posteriormente se formó en el taller de su tío Joaquín, donde coincidió con su hermano Valeriano. Aunque no logró consolidar una carrera pictórica, sus dibujos fueron muy apreciados por sus contemporáneos y ampliamente solicitados, al punto de que muchos se perdieron con el tiempo y hoy solo se conservan unos pocos ejemplares.
La exposición Los Bécquer, un linaje de artistas, abierta hasta el 15 de marzo, reúne más de 150 piezas —entre óleos, dibujos, acuarelas, litografías y libros— procedentes de diversas instituciones y colecciones nacionales e internacionales. Entre las obras destacadas figuran dos dibujos en hojas sueltas: uno, realizado en tinta hacia 1860, representa a un gitano identificado por sus atributos como esquilador; el otro es una escena satírica y grotesca protagonizada por esqueletos, un motivo recurrente en la obra gráfica del poeta.
Estas imágenes fantasmagóricas, lejos de ser excepcionales en su contexto posromántico, reflejan una imaginación influida por Goya y por las obsesiones literarias de Bécquer. En cuadernos y álbumes se observan escenas de esqueletos jugando, cortejándose, luchando o participando en espectáculos, así como dibujos de escenas teatrales y representaciones del universo femenino.
El recorrido se completa con los álbumes de Julia Espín, conservados en la Biblioteca Nacional, que constituyen el mayor conjunto de obra plástica conocida del poeta, además del retrato de Bécquer realizado por su hermano Valeriano, restaurado especialmente para la ocasión. Como cierre, se exhibe una primera edición de Rimas y leyendas, publicada de manera póstuma en 1871, una obra clave que consolidó la inmortalidad literaria de uno de los autores más influyentes de la literatura en español.