AL CELEBRAR EL 52 ANIVERSARIO DEL MUSEO DE ARTE PREHISPANICO RUFINO TAMAYO CON LÍRICA ZOQUITECA
Oaxaca de Juárez, Oax.- Olga y Rufino Tamayo bailaron una vez más en el idílico patio de la casona del Siglo XVIII donde por muchos años habitó el matrimonio de artistas oaxaqueños, legado después al pueblo oaxaqueño, donde actualmente alberga una de las más importantes colecciones de arte prehispánico de México.
Pero como fue posible este suceso? Gracias al Conversatorio Musical “De la lírica, la jarana y el violín. Los Panaderos de Santa María Zoquitlán”, un rescate de la tradición sonora del pueblo del mismo nombre. Esto, como parte de las actividades por el 52 aniversario de la inauguración del museo, y que atrajo a conocedores y público en general nacional y extranjero admiradores de la riqueza melódica del estado.

Lo que se planeó como una breve muestra de la historia musical del pueblo de Zoquitlán, se transformó, como habitualmente sucede en Oaxaca, en fiesta, algarabía y baile, sin faltar la prueba de mezcal de la región para santificar el convite y la ofrenda que acompaña a cada reunión en esta tierra de profundo bagaje cultural.
Las primeras notas de las guitarras, jaranas y violín se escucharon con suma atención y admiración, pero con el paso de las interpretaciones y versos el corazón vibraba y las piernas no aguantaban quietas, obligando a levantarse de las sillas y acompañar en su baile al retrato de Olga y Rufino, del mismo modo como ellos disfrutaban la musica de su amado Oaxaca.


“El butaquito”, “El jarabito”, “Los panaderos” y otros tantos sones y jarabes remembraron el fandango y la boda propia de Zoquitlán, pueblo enclavado en la Sierra Sur del estado, con arraigo en sus habitantes orgullosos de sus tradiciones, siendo también destacados destiladores de la piña de agave transformándola artesanalmente en el mezcal que acompaña al mole, a las enchiladas, a la tradicional cerveza de piña que preparaba Tía Ángela, y a la bienvenida y despedida de sus pobladores.
Para entender mejor el legado musical y su referente histórico en el escenario nacional, Don Victorino Aragón Maldonado dio la crónica y explicación de los elementos melódicos que enriquecen la lírica de Zoquitlán; la procedencia de sus jaranas estilo barroco, la fabricación y adquisición de ellas desde los años 1800, así como la explicación de las décimas utilizadas para honrar a los principales actores de las fiestas, novios, padrinos, además de retratar la cotidianidad en la vida del campesino, del ganadero y de las y los zoquitecos enamorados.

También se disfrutaron las interpretaciones de los señores Juan Ramírez Martínez y León Sosa Barriga en las jaranas; Jesús López Arango, Tomás Ramírez Sosa y León Ramírez Garnica en las vihuelas, y en la hojita de laurel el señor Federico Lucero Hernández, quienes en conjunto inspiran a las nuevas generaciones, representadas en esta ocasión por el niño de 7 años Fernando López Aragón, dándole vida con sus pequeñas manos a la jarana. Mención aparte merecen los maestros Rubén Lenguas, jarana y guitarra, y Patricia García, violín, integrantes de la destacada agrupación Pasatono Orquesta, quienes además se desempeñan como investigadores de las diversas corrientes musicales de Oaxaca y su conexión con otros estados.
A todos ellos, el Dr. Israel Cadena, Coordinador del Museo de Arte Prehispánico, entregó un reconocimiento por contribuir en la preservación del legado musical de nuestros pueblos, en especial de Santa María Zoquitlán, subrayando que la intención de la directiva del recinto es hacer de este espacio un lugar vivo, donde se dialogue, resignifique y disfrute del arte y la cultura, tal como lo visualizó el matrimonio Tamayo.

Así, Olga y Rufino, bailaron una vez más con las notas de este virtuoso ensamble y con los versos de los panaderos de Zoquitlán.
“Señores los panaderos Ya van a comenzar
Para que vayan saliendo Uno por uno a bailar…”