Ruperta Bautista, poeta mexicana indígena: “México tiene la autoestima baja”

Un grupo de nubes tapa el inmisericorde sol de La Habana, que se acomoda justo en el cénit, sobre la histórica fortaleza de La Cabaña. En ese momento, la poeta mexicana de origen tsotsil Ruperta Bautista se siente en su natal estado de Chiapas (sur de México).

Bautista, de 49 años y quien ganó el Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA) en 2024 por su poemario Ik’al labtavanej (Presagio lóbrego, en castellano), en el que aborda la muerte de mujeres en las comunidades originarias, cuenta en una entrevista con EFE, tras participar en la Feria Internacional del Libro de La Habana, que para ella Chiapas sufre una “guerra”, con una violencia “más sangrienta” que nunca.

La sureña Chiapas vive un repunte de inseguridad desde 2024 por la disputa entre grupos armados, que ha llevado al desplazamiento de miles de personas, mayoritariamente de pueblos originarios.

En su punto más álgido, unos 4.000 indígenas de la etnia ch’ol de la comunidad de Tila fueron víctimas de desplazamiento forzado a mediados del año pasado.

Para la autora, esta violencia es distinta a la que históricamente han sufrido los indígenas en Chiapas: “Es más compleja, más sangrienta”. Sin embargo, el común denominador, tema principal de sus textos, sigue ahí.

“Mis textos giran en torno al contexto del desplazamiento e imposición históricos (…) Yo tenía esa necesidad desde pequeña, de saber qué hacer con esa violencia. No tenía forma de comprenderla, de entenderla, y por eso decidí escribir. Solo escribía lo que pasaba”, cuenta a EFE.

Es así que, rememora, se dio cuenta de que ella no era la única que sufría de ese flagelo, sino que le pasaba a muchos otros indígenas, tanto en México como en el resto de América Latina.

El trabajo de Bautista no solo es catártico sino documental. Un ejemplo es el poema ‘Lunes en el pozo’, que escribió tras la matanza de Acteal (municipio de Chenalhó) en 1997, en la que un grupo de paramilitares asesinó a tiros y machetazos a 45 indígenas tsotsiles que eran críticos con el Gobierno en Chiapas. Es el escrito que más la ha marcado, según reconoce a EFE.

«Fue para mí muy fuerte. La masacre fue un lunes. Yo escribí ese texto para la memoria», relata.

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