En un mundo plural y diverso, la escritora colombiana Piedad Bonnett no quiere “dictar líneas sobre el feminismo” sino que sean sus experiencias y relaciones con los hombres las que hablen en su último libro ‘La mujer incierta’ (2024).
“Estoy llegando a una edad que me permite ver el pasado con más distancia y más mirada crítica y también el futuro. Con todo lo que estoy viendo de los avances que hemos hecho, yo creo que en la segunda mitad del siglo XX y la primera del siglo XXI, el gran tema ha sido la relación con la mujer”, explicó Bonnett en entrevista con EFE.
La ganadora del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana no pretendía hacer un libro feminista, ni una autobiografía, sino “a través de su propia vida” reconstruir y reconocer “las violencias masculinas en los distintos sectores de la sociedad”.
Todo gracias a una memoria prodigiosa que le permitió conmemorar detalladamente la triste muerte de su hijo Daniel en ‘Lo que no tiene nombre’ (2013), y con la que a sus 74 años, Bonnet aún recuerda vívidamente a sus tías, a sus compañeros de clase o acontecimientos de cuando tenía tres años, aunque confiesa que tras haber sufrido de covid-19 su memoria «se ha visto afectada”.
“De chiquita me decían que tenía muy buena memoria, ahora se me dificulta un poco más (…) Hay un montón de cosas en la oscuridad que a veces no recuperas nunca. Lo importante es la resonancia que esos recuerdos tienen en ti, pero para escribir un libro yo solo cuento con aquello que recuerdo”, lamentó.
En esos huecos sombríos permanecieron autoras como Vivian Gornick o Lucía Berlín, quienes “tristemente quedaron de lado y pues las hemos tenido que leer mucho después”. Mujeres que vivieron una época similar la de Bonnett en la que “ni siquiera se podía hablar de lucha feminista”.
Todavía quedan voces aisladas, mujeres que viven en el mundo rural y “creen que el hombre debe comer el pedazo más grande de carne”, a diferencia de la realidad urbana, esa donde “es más fácil tomar conciencia, pero falta mucho mucho por hacer”.