En pleno corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez impulsa una visión innovadora que combina la arqueología con nuevas formas de exhibición museográfica. Desde 2007, como responsable del Programa de Arqueología Urbana (PAU), Barrera se dedica a desenterrar fragmentos de la civilización mexica con las herramientas más básicas —“pico y pala”— para rescatar y preservar los vestigios que yacen bajo la ciudad.
Una de sus propuestas más llamativas es la creación de museos de sitio subterráneos, espacios instalados en los sótanos de edificios públicos y privados que permiten a los visitantes acercarse directamente a los restos arqueológicos en su lugar original. Estos museos incluyen vitrinas con objetos recuperados, proyecciones audiovisuales y recorridos guiados que conectan el pasado prehispánico con la vida contemporánea.
Entre estos espacios destaca el Centro Cultural de España, donde se exhiben 87 piezas arqueológicas, incluidas dos de las siete almenas halladas durante excavaciones. El recorrido abarca desde cuchillos y vasijas hasta una mandíbula humana esgrafiada, conformando un relato histórico que invita a reflexionar sobre las raíces de la capital.
Uno de los descubrimientos más impactantes supervisados por Barrera es el Huei Tzompantli, un sitio sagrado dedicado a Huitzilopochtli donde se realizaban sacrificios humanos cuyos cráneos se colocaban en estructuras de madera. Desde su hallazgo en 2015, se han recuperado más de 655 cráneos, con un muestreo de 214 que revela que hombres, mujeres e incluso niños fueron víctimas de estos rituales. Barrera subraya la importancia espiritual y cultural del sitio, recordando que cada cráneo corresponde a una vida con historia propia.
El equipo continúa trabajando en la conservación del Huei Tzompantli mientras se llevan a cabo estudios para comprender el origen de los individuos sacrificados. A través de análisis de isótopos estables en colaboración con diversas universidades, buscan determinar su procedencia y antigüedad mediante el estudio de piezas dentales como el primer molar.
La labor del PAU —creado en 1991 como parte del Proyecto Templo Mayor— es fundamental para identificar, salvar y preservar el patrimonio arqueológico de una de las ciudades más antiguas del continente. Con una fuerte vocación educativa, Barrera espera que, en un futuro, el Huei Tzompantli pueda abrirse al público mediante visitas controladas, fortaleciendo el vínculo de la ciudadanía con su historia.
Su trabajo demuestra que la arqueología no solo revela datos del pasado, sino que también fortalece la identidad cultural y la memoria colectiva, conectando a las nuevas generaciones con las raíces que yacen bajo sus propios pies.