Oaxaca, Oaxaca- Max es originario de Oaxaca, hijo único del matrimonio de Eduardo Sánchez Ramírez y Dinora López Gómez, tiene un medio hermano más grande de nombre Amaral.
Originario de la capital de Oaxaca y donde creció y ha vivido, Max comenzó a desarrollarse en el arte desde los tres años. A su corta edad sus papás notaron que comenzaba a agarrar la plastilina y trataba de hacer figuras, Max recuerda que aunque no era una forma tan elaborada, se podía distinguir que con la plastilina había moldeado algún animal, por lo que observaron grandes cualidades en él, sin saber que esa forma en la que el pasaba el tiempo sería una actividad en la que él se desenvolvería.

Eduardo Sánchez, su papá, es arquitecto, mientras que su mamá, Dinora López Gómez, siempre se ha dedicado a ser secretaria particular de diferentes servidores públicos, además de siempre apoyar a su único hijo en cada paso que da.
Max Sánchez López, mejor conocido como Max Sanz, actualmente tiene 33 años y comenzó sus clases en el arte por azares del destino, a Max el arte se le cruzo por el camino como un destino, recuerda como a sus seis años conoció al entonces gobernador José Murat, quien sería un personaje de trascendencia para el artista.
Este le dio una oportunidad de verlo en su despacho en la ciudad de Oaxaca, en el Palacio de Gobierno a donde fue acompañado de su papá. En la reunión le preguntó que qué actividades realizaba aparte de estudiar, por lo que él le respondió: “me gusta hacer muñecos de plastilina”.
El entonces gobernador le dijo si podía hacerle algúna figura en ese momento y al ver el resultado le preguntó si quería estudiar artes; no obstante, a sus seis años, Max quería ser veterinario porque le gustaban los animales.
José Murat sabía que a esa edad, cualquier niño no define su futuro, por lo que lo animó a estudiar artes y le dio una beca para que estudiara en curso de modelado en barro en el Museo de Arte Contemporáneo en el antiguo (MACO).
Durante seis años, Max fue todos los sábados a clases de modelado, pero se terminó el sexenio de José Murat y con ello la beca, por lo que dejó durante un tiempo de recibir clases.


El arte, su medicina
En su adolescencia, con 12 años Max pasó por una situación de salud que sin saber le cambiaria la vida o le confirmaría su camino, enfermo y desarrolló Hipertensión Arterial a muy corta edad.
En consecuencia a su estado de salud, sus padres y médicos aplicaron un protocolo para tratarlo, tuvo que dejar la secundaria porque eran crisis muy fuertes, entre consultas, tratamientos, cuadros de la enfermedad que transitaba paso periodos intensos.
Recuerda que fue un poco frustrante porque no tenían un diagnóstico claro, por lo que tuvo que pasar por diferentes especialistas como nefrólogo, cardiólogo, endocrinólogo. Max comenta que un buen día un médico se acercó a sus papás y les dijo: «Oye, no, ¿por qué no lo meten a algo de terapia o algo así, ocupacional? Porque se entiende que a esta edad un niño pues puede deprimirse por no saber qué le está pasando”.
Fue así que su padre se acercó a la pintura, tenía amistad con algunos pintores reconocidos como Ariel Mendoza, Arnulfo Mendoza, Juan Alcázar, fue este último quien en ese entonces era director del Museo de los Pintores y director del taller Rufino Tamayo, quien se sensibilizó con la historia y la situación que atravesaba Max e hizo una excepción por única ocasión de autorizar el ingreso de un niño de 13 años al Rufino Tamayo, la edad reglamentaria era de 18 años, por el perfil y materiales que se usan.
Ahí Max conocería a su primer maestro llamado Marco Palma, un escultor reconocido y de fama con el que aprendió muchas cosas. A la par se inscribió en una escuela abierta en línea para terminar sus estudios de secundaria y seguir su formación, cuando ya su salud estaba estabilizada.
Fue en esa etapa que Marco le preguntó si quería ser su asistente, pues él tenía una obra en una casa en Jalatlaco que después se enteró era del pintor estadounidense Barry Head, quien también se convirtió años después en su profesor.
Recuerda que Barry Head marcó un antes y un después en su carrera, pues le enseñó cómo utilizar los materiales, que todo era por cuestión intuitiva y sobre todo la disciplina al hacer su trabajo.

Un tiempo su papá lo llevó con Fernando Sandoval, quien es uno de los mejores impresores que tiene Oaxaca y probablemente México, con quien aprendió el grabado, pero esta técnica no le apasionaría.
Al iniciar la preparatoria, sus papás le preguntaron qué iba a hacer y su mamá le recomendó inscribirse en el Centro de Educación Artística (Cedart) para continuar enfocándose y aprendiendo del arte donde consiguió un puesto de asistente de escenografía para un proyecto de ópera.
Primera exposición
Max seguía descubriendo el mundo de la pintura, a los 17 años buscó una posibilidad de exponer en el Museo del Palacio, Ulises Ruiz, el entonces gobernador del estado, lo había convertido en un museo en esos años.
El director del museo le dijo que era muy joven, pero sus profesores lo convencieron de que expusieran en conjunto y así lo logró, lanzando la exposición “Tres en el arte”. El gobernador vio su obra y Max aprovechó para decirle que quería exponer solo, por lo que este le decidió ayudarlo con una beca para seguir produciendo y exponiendo su obra.
Fue así como se llegó la primera exposición individual en el Museo del Palacio que se llamó “Entre Apolo y Dionisio”, presentó una serie de 16 cuadros, relacionados todos con el tema de las mujeres.
Al entrar a la universidad, le recomendaron irse a estudiar a España, pero a pesar de realizar los exámenes de admisión, no contaba con el dinero suficiente para irse.
Su mamá lo convenció de acudir a una audiencia pública del gobernador Gabino Cué quien le dijo: «Yo no te puedo ayudar tanto a ir a España, pero sí te puedo ayudar a ir a México”.

Trató de estudiar en La Esmeralda, al aplicar los exámenes, le dijeron: «Pues ya estás adentro, el problema es que eres oaxaqueño», muchos maestros veían el arte del estado como una artesanía, esa predisposición de su lugar de origen lo determinaba a que dependería mucho de donde venia a la hora de aprobar o reprobar.
«¿Por qué yo tengo que renegar de donde soy?, ¿por qué tengo que cambiar? Una cosa es que aprenda, me dé la oportunidad Y otra cosa, es decir, «No, no, no, no, no, yo quiero hacer esto porque un maestro no me acepte.», recuerda.
Fue así que decidió irse con María José Lavin, quien fue alumna del maestro Francisco Toledo, que se comprometió y compartió con Max todo lo que sabía sobre sus técnicas. Sus estudios profesionales los desarrollaría en la Universidad Bauhaus en Puebla.
Poco a poco se fue abriendo camino en el arte y la vida, Max ha llegado a compartir y exponer sus piezas en diferentes foros internacionales de arte, cultura y galería en países como China, Francia y España, desde los 24 años.
Asegura que fue hasta los 18 años cuando ya estaba decidido que quería ser artista y agradece que siempre conto con el apoyo e impulso de sus papás.
Max siempre resalta que Francisco Castro, María José Labín, Marco Palma, Perry Ghett, Sandoval fueron decisivos en su formación, pues le enseñaron la disciplina, eran maestros con mucho rigor y pasión, que lo definieron e influyeron en su vocación.
Actualmente trabaja disciplinadamente en horarios de 10 a 2 de la tarde y de 4 a 7 de la noche en su taller ubicado en la Villa de Etla y Santa Lucía del Camino, se dedica a la depuración de su técnica, a encontrar nuevos trabajos, a redescubrirse, reinventarse, renovar y perfeccionar al artista, como el define en ninguna pieza es el mismo; cada obra va a salir diferente, el artista evoluciona y transforma cada pintura, escultura o pieza que produzca, pues ha hecho intervención de diferentes objetos.
Recuerda que la primera obra que vendió fue a una amiga de su papá, que era arquitecta y fue un relieve de de yeso y se la compró por 500 pesos.
Max asegura que definir un estilo es complicado porque cree que como artista va evolucionando, encontrando en los estilos la forma de representación de lo que quiere según la etapa en la que el artista se encuentra.

En la actualidad, al artista le gusta mucho jugar con la hoja de oro, los relieves con el yeso, los papeles tapiz, ya que le gusta mucho como esta sensación de viejo, como como si la obra tuviera muchos años.
Mientras que su inspiración son muchas cosas, como lo que ve en la vida diaria, algunas palabras, unas frases, lo que le pasa como persona, lo que siente, lo que vive, las experiencias.
Hubo una ocasión en la que le dijeron “todos somos una caja de sorpresas” y como resultado creo una serie llamada “Cajas de Sorpresas” que son piezas de esculturas que representan una caja abierta y de ellas salen diferentes figuras como elefantes, rinocerontes, osos.
Asegura que como artistas están teniendo un problema y tiene que ver generacionalmente, no solamente en el arte, sino en la vida, pues se busca el fast track, lo rápido, lo inmediato y ya no lo pensado.
“Creo que los artistas estamos enfrentando un momento muy crucial en donde si nosotros mismos no sabemos lo que está pasando, se van a extinguir los grandes coleccionistas, se van a extinguir las grandes colecciones de arte que se formaron en el siglo 20, Y que en el 21 pues ¿qué coleccionista joven hay? Nuestra tarea no solamente es pintar, ahora nuestra tarea es salir para crear este público.”
El reto del artista es atrapar a las nuevas generaciones, cautivar y generar amantes del arte, por lo que el reto es generar canales que comuniquen con ellos y enseñar al mundo lo maravilloso que es el arte.