Marina Abramovich convierte el Liceu en un ritual pagano de erotismo y muerte

Marina Abramovich convirtió el Gran Teatre del Liceu de Barcelona en el escenario de una ceremonia pagana tan perturbadora como hipnótica. Balkan Erotic Epic, su más reciente creación, despliega una sucesión de imágenes rituales donde el erotismo, la muerte y la memoria colectiva se entrelazan en una liturgia ancestral inspirada en mitos y tradiciones de los Balcanes. Cementerios que mutan en celebraciones orgiásticas, danzas de apareamiento bajo la noche cerrada, cuerpos desnudos ofrecidos al cielo para invocar el fin de la lluvia o procesiones nupciales atravesadas por la figura espectral de Tito conforman un universo simbólico de fuerte impacto visual y emocional.

Fiel a una trayectoria marcada por la exploración de los límites del cuerpo y la espiritualidad, Abramovich vuelve la mirada a los orígenes culturales de su región natal para reflexionar sobre el presente. A punto de cumplir 80 años, la artista concibe una obra total, inquietante y bella, en la que la danza, la ópera, la dramaturgia, la música tradicional balcánica y la electrónica conviven con el video y la animación, evocando un bestiario mitológico que parece cobrar vida sobre el escenario.

La propia Abramovich articula y sostiene la obra: inicia y clausura esta ceremonia profana que dialoga con momentos clave de su producción artística. Ecos de rituales pasados, del sacrificio corporal y de la presencia como acto radical, reaparecen aquí filtrados por mitologías populares vinculadas a la fertilidad, la sexualidad y la muerte. Son escenas deliberadamente ásperas, donde el cuerpo se presenta como herramienta simbólica y política, cargada de memoria histórica.

Balkan Erotic Epic se estructura en una serie de actos performativos que combinan relatos íntimos y una investigación rigurosa sobre tradiciones paganas de una región marcada por guerras, fracturas étnicas y duelos colectivos. La obra se abre con un lamento musical por la muerte de Josip Broz Tito, una suerte de duelo fundacional que marca el fin de una era y el inicio de otra. A partir de ahí, se suceden danzas con cuchillos, rituales agrícolas, ceremonias nupciales ligadas a la muerte y cantos ancestrales que celebran y confrontan la relación entre eros y desaparición.

Uno de los momentos más potentes llega cuando el erotismo se transforma en lenguaje de duelo: mujeres de distintas generaciones interactúan con lápidas y esqueletos en un gesto que convierte el deseo en una vía de comunicación con los ausentes. Más adelante, la escena se desplaza a una taberna balcánica, espacio social por excelencia, donde el recuerdo, la liberación y la transgresión se funden en una atmósfera densa y magnética.

El cierre devuelve la acción al ciclo del tiempo y las estaciones. Bajo una escenografía invernal, figuras ataviadas con trajes tradicionales danzan junto a presencias fantasmales para honrar a los ancestros y celebrar el fin del invierno. Así, entre nieve, cantos y cuerpos en movimiento, el telón cae lentamente y se extingue la ceremonia.

Con Balkan Erotic Epic, Marina Abramovich firma una obra radical que no busca complacencia: es un canto visceral a la memoria, al deseo y a la muerte, donde lo ritual se convierte en un espejo incómodo de la historia y del cuerpo humano.

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