La sal en Zapotitlán Salinas: herencia prehispánica y riqueza cultural

El estudio de la sal y de las salineras en México responde a un enfoque multidisciplinario que abarca no solo su producción actual, sino también los antecedentes arqueológicos, históricos y antropológicos heredados de las antiguas culturas mesoamericanas.

Así lo muestra el video La producción prehispánica de la sal en Zapotitlán Salinas, Puebla, difundido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, con el objetivo de acercar al público a los procesos tradicionales de este mineral en la región.

Con la participación del arqueólogo Blas Castellón Huerta, investigador de la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH, se explica que Zapotitlán Salinas no solo es una localidad, sino también el nombre que se extiende a todo el valle donde se desarrolla esta actividad.

El especialista detalla que se trata de una zona árida y desértica, caracterizada por la presencia de cactáceas y por formar parte de la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán. En este contexto, la sal ha sido un recurso esencial desde tiempos antiguos.

“La sal era fundamental para las culturas prehispánicas, no solo para la alimentación y la obtención de energía, sino también para dar sabor a los alimentos”, explica el investigador en el material audiovisual.

Valor ritual, medicinal y económico

Además de su uso cotidiano, la sal tuvo un papel relevante en ámbitos rituales y medicinales, convirtiéndose en un recurso estratégico y escaso que fue ampliamente valorado en distintas culturas del mundo. En el caso de Zapotitlán Salinas, su importancia fue particularmente notable.

Castellón subraya que el análisis de este recurso requiere un trabajo interdisciplinario que combine arqueología, antropología, historia y etnografía. Para ello, ha sido clave el diálogo con los salineros actuales, quienes han compartido sus conocimientos sobre los procesos contemporáneos de producción.

Este intercambio ha permitido comparar las técnicas actuales con los vestigios arqueológicos, los cuales evidencian que en el pasado existieron métodos distintos para obtener sal.

Intercambio y comercio en la época prehispánica

El investigador también destaca que, especialmente durante el periodo Posclásico (900-1521), la sal adquirió un valor comercial significativo. Se elaboraban pequeños bloques o “panecillos” que se intercambiaban a grandes distancias, llegando a regiones como la Mixteca y el centro de México.

Este uso, sumado a sus funciones rituales y medicinales, consolidó a la sal como un bien clave en las redes de intercambio prehispánicas.

Tras décadas de investigación en la zona de Tehuacán, Castellón ha registrado más de 150 sitios prehispánicos vinculados a esta actividad, lo que confirma la relevancia histórica de la producción salinera en la región.

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