La Ruta Wixárika representa un testimonio vivo de los trayectos rituales que articularon los territorios de los pueblos originarios de México; este camino sagrado conecta el corazón ancestral del pueblo wixárika en la Sierra Madre Occidental con el desierto de Wirikuta en el Altiplano Potosino.
La peregrinación contempla un ciclo continuo de ritos dedicados a la renovación de la vida, el ciclo agrícola de la milpa y el equilibrio comunitario; las comunidades realizan ofrendas al amanecer ante el sol y los elementos naturales, concibiéndolos como entidades sagradas y deidades ancestrales de reciprocidad.
El trazado territorial integra sitios fundamentales para la cosmovisión indígena, entre los que destaca El Camino de Nuestro Abuelo Fuego (Tatehuarí Huajuyé); la identificación y delimitación de estos espacios sagrados contó con la participación directa de las autoridades tradicionales de la región.
El sistema ritual abarca diversos ecosistemas que se extienden más allá de la zona desértica, conectando el Cerro Quemado en San Luis Potosí con puntos sagrados ubicados en las costas de Nayarit y en la elevación de Cerro Gordo en el estado de Durango.
La preservación de los conocimientos territoriales, la arquitectura vernácula y los ritos vinculados al maíz refrenda una concepción integral del mundo; estas prácticas tradicionales garantizan la continuidad de la memoria cultural y la protección ambiental de los paisajes místico-naturales.