La mujer de nadie (1937), escrita, dirigida y protagonizada por Adela Sequeyro, abre con una imagen poderosa: una joven marcada por la violencia doméstica camina sola por la noche, decidida a huir de su destino. Así comienza la historia de Ana María, quien tras escapar del abuso de su padrastro encuentra refugio con tres bohemios que la acogen… aunque pronto esa solidaridad se convierte en deseo y conflicto.
La película contiene una de las secuencias más atrevidas del cine mexicano de su tiempo: el baño de Ana María, donde solo vemos la sombra de su cuerpo detrás de una cortina mientras tres hombres la observan fascinados. Pero lejos de ser una mirada masculina convencional, Sequeyro introduce un gesto audaz: convierte el goce femenino en el centro de la imagen y desplaza la pulsión visual hacia la experiencia de la mujer. Ese mismo impulso la lleva a un desenlace poco común para la época: Ana María decide quedarse sola, protegida únicamente por su libertad y su deseo.
Esa rebeldía reflejaba a la propia Sequeyro. Famosa en los años 20 como actriz y locutora, en los 30 se reinventó como periodista, guionista, productora y directora. Con La mujer de nadie se convirtió en la primera mujer en dirigir un largometraje sonoro en México. Había trabajado con figuras como Fernando de Fuentes y José Bohr, y escribió para medios como El Demócrata y El Universal Ilustrado, donde impulsó el reconocimiento de actrices mexicanas.
Tras fundar dos productoras —Éxito y Carola— y enfrentar fracasos comerciales, Sequeyro filmó tres largometrajes, entre ellos La mujer de nadie, rodado con pocos recursos y en 16 mm, pero con una mirada única: la de una mujer que cuenta la historia de otra que elige su propio camino. Las cintas se creyeron perdidas hasta que fueron halladas en los años 90, décadas después de que su directora abandonara el cine y regresara al periodismo.
Solo con el paso del tiempo, y gracias a nuevas investigaciones, la obra de Adela Sequeyro comenzó a ser reconocida como lo que siempre fue: una pieza pionera que desafió los estereotipos femeninos del cine mexicano y dio voz a una autonomía que en su época parecía impensable.