Irene Vallejo en el Museo Nacional de Antropología

Calentando motores, antes de ir a Guadalajara, tuvimos el honor de acudir a la charla de que Irene Vallejo dio en el Museo Nacional de Antropología, para la Fundación de las Letras Mexicanas, gracias a la invitación de Adolfo Castañón, quien nos consiguió dos lugares por mediación de Eduardo Langagne.

Acudimos puntuales a la cita en el auditorio Jaime Torres Bodet, y conseguimos muy buenos lugares, ya que el auditorio se llenó y de no ser por lo previsor de Adolfo, quien nos citó media hora antes, no hubiéramos visto nada. La charla fue muy cálida y amena; empezó con la presentación de los participantes y con dos discursos, uno de los cuales la dio el propio Adolfo, en el que para nuestro asombro, nos mencionó, lo que por supuesto nos halagó y que agradecemos de todo corazón.

Irene Vallejo se mostró en todo momento muy agradecida y amable con todos, y demostró una inteligencia y claridad de ideas poco frecuentes en una autora de su edad, teniendo en cuenta que apenas llegó ayer a la ciudad, después de un largo viaje alrededor del mundo. Respondió con contundencia y una humildad rayana en la timidez, pero sin falsa modestia, e hizo hincapié en la importancia no sólo de los escritores que intentan rescatar la historia de las palabras y los libros sino, muy especialmente de las personas que están detrás de ese trabajo, como los que promueven la lectura en las bibliotecas, escuelas y diversos talleres, así como los que se encargan de cuidar el proceso de la edición e impresión del libro, que generalmente los autores dan por sentados; los diversos intelectuales que se encargaron de hacer las preguntas a la autora fueron correctos y mesurados, y la charla que duró dos horas, se nos fue en un suspiro.

Foto X: @EmbEspMex

Azora que su discurso haya sido fluido y lleno de cultura, pero con una naturalidad en todos los aspectos que toca, tanto de su vida personal como los datos de la lectura desde principios de la vida civilizada hasta el día de hoy, desde los mitos hasta los clásicos que conocemos, incluso la literatura suya y de sus contemporáneos, como si se tratara de una charla de café. Hasta nos hizo sentir sabios.

Para finalizar, Irene platicó un momento y firmó y se tomó una fotografía con gran parte de los asistentes que acudieron al acto y que salieron no sólo encantados con ella, sino felices de conocer un poco más acerca del mundo maravilloso de los libros.

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