El proyecto artístico denominado Hombres de Barro consolida la herencia alfarera tradicional como una vía de integración comunitaria dentro del estado de Morelos; la iniciativa independiente busca que las infancias y adolescencias de zonas marginadas reconozcan el valor de su herencia identitaria; la estrategia pedagógica fomenta el autoaprendizaje mediante el contacto directo con los recursos naturales de sus localidades de origen.
El taller es coordinado de forma directa por el creador plástico Félix Rodrigo Martínez, quien ha dedicado casi una década al desarrollo de estas actividades; las dinámicas de aprendizaje están diseñadas especialmente para la población infantil de comunidades rurales e indígenas; la meta principal consiste en despertar la imaginación de los alumnos mediante el modelado básico del material rojo.
La propuesta formativa recibe un impulso económico y operativo por parte de la Secretaría de Cultura, a través del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC); gracias a este apoyo federal, se extendieron las jornadas artísticas gratuitas hacia demarcaciones con rezago social; entre las comunidades beneficiadas se encuentran las localidades de Cuautla, Puxtla y el poblado de Tetelcingo.
Durante las clases prácticas, los estudiantes experimentan todas las etapas de la producción artesanal, desde el batido del elemento natural hasta el decorado final; el uso de tornos manuales y herramientas especializadas genera un ambiente de asombro y compañerismo en las aulas provisionales; tras el proceso técnico de cocción, las piezas utilitarias regresan a los menores para que apliquen pigmentos de forma libre.
El esquema metodológico retoma las técnicas ancestrales y los moldes tradicionales de la comunidad de Tlayacapan para elaborar los diseños básicos; el creador adquirió estos saberes milenarios gracias al intercambio de experiencias con familias que han preservado el oficio por generaciones; esta transmisión de conocimientos garantiza la permanencia de la iconografía regional en las nuevas propuestas artísticas.
El maestro artesano detalló que la interacción con los estudiantes funciona como un proceso de retroalimentación creativa muy enriquecedor; las dinámicas motivan a los alumnos a dejar de copiar patrones establecidos para plasmar elementos de su vida cotidiana y mascotas en objetos reales; de esta manera, los talleres logran que la juventud asimile la materia orgánica como un elemento vivo en constante cambio.
El PACMyC ha calificado estas jornadas como un ejemplo exitoso de preservación del patrimonio cultural inmaterial en el centro del país; las autoridades educativas locales buscan replicar este modelo comunitario en otros municipios para resarcir el tejido social; al final del ciclo formativo, los participantes adquieren herramientas técnicas y conceptuales que fortalecen su autoestima y su arraigo histórico.