Beatriz González, una de las artistas más influyentes del arte contemporáneo latinoamericano, murió el 9 de enero de 2026 a los 93 años en su casa. La noticia fue confirmada por la galería Casas Riegner, con sede en Bogotá. Su obra, reconocida por el uso de colores intensos y soportes poco convencionales como muebles, se convirtió en un poderoso archivo visual de la memoria colectiva colombiana, marcada por la política, la violencia y el duelo.
Aunque con frecuencia se la relacionó con el Pop Art por su estética y por el uso de imágenes populares, González rechazó esa clasificación. A diferencia de los artistas asociados al consumo masivo, su trabajo tuvo siempre un enfoque crítico, centrado en las tensiones entre gusto, clase social y cultura en Colombia.
Inició su carrera a comienzos de los años sesenta, reinterpretando obras clásicas de la pintura europea sobre superficies industriales. Más adelante incorporó imágenes tomadas de la prensa y de las láminas Molinari, impresiones ampliamente difundidas en los hogares populares. A través de estos referentes, exploró cómo las imágenes cotidianas influyen en la sensibilidad y la memoria de las personas.
La reflexión sobre el kitsch ocupó un lugar central en su pensamiento artístico. González defendía que el llamado “mal gusto” no es opuesto al buen gusto, sino parte inseparable de la experiencia estética y social, una idea que atravesó gran parte de su producción.
La violencia en Colombia fue uno de los ejes más profundos de su obra. El proyecto Auras Anónimas (2007-2009), instalado en el Cementerio Central de Bogotá, es considerado uno de sus trabajos más emblemáticos. Allí rindió homenaje a miles de víctimas anónimas del conflicto armado, transformando los columbarios en un memorial visual contra el olvido.
Además de su labor artística, González fue una destacada historiadora del arte y curadora. Nacida en Bucaramanga en 1932, se formó en Bogotá y desarrolló una amplia carrera institucional en museos clave del país, como el Museo de Arte Moderno de Bogotá y el Museo Nacional de Colombia.
Su obra tuvo una importante proyección internacional, con presencia en bienales, exposiciones museísticas y retrospectivas en América y Europa. Hasta años recientes, su trabajo continuó siendo revisado y exhibido, confirmando la vigencia de su mirada crítica.
La muerte de Beatriz González deja un vacío significativo en el arte latinoamericano. Sin embargo, su legado perdura como una reflexión profunda sobre la memoria, la historia y la capacidad del arte para confrontar las heridas colectivas.