Equinoccio en Chichén Itzá crea una serpiente de luz

En Chichén Itzá, el movimiento del Sol convierte la arquitectura maya en un enorme calendario visual; cada año, los ciclos astronómicos quedan reflejados sobre las estructuras del antiguo recinto y revelan los conocimientos matemáticos, geométricos y astronómicos de esta civilización.

Durante el equinoccio de otoño, la luz y la sombra sobre la alfarda norte de la pirámide de El Castillo forman una sucesión de triángulos luminosos que descienden hasta encontrarse con la cabeza de serpiente tallada en la base; el efecto crea la imagen de una serpiente que parece deslizarse por las escalinatas.

El fenómeno es uno de los ejemplos más conocidos de la relación entre arquitectura y astronomía en el mundo maya; la arqueoastronomía estudia la orientación de los edificios y la manera en que sus diseños pudieron relacionarse con los movimientos celestes y la medición del tiempo.

Año tras año, visitantes de distintas partes del mundo llegan al antiguo recinto para observar cómo la luz transforma la pirámide durante el equinoccio; Chichén Itzá forma parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1988 y conserva en sus monumentos una muestra extraordinaria de la manera en que los mayas vincularon el cielo con la arquitectura.

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