El telar de cintura gana espacio entre los hombres y redefine la tradición artesanal

En comunidades indígenas de Chiapas, el arte del telar de cintura comienza a romper estereotipos y a consolidarse como una práctica cada vez más visible entre los hombres. Juan de la Cruz López Gómez, artesano de 36 años originario de Muctahuiz, en el municipio de San Andrés Larráinzar, es un claro ejemplo de esta transformación. Desde hace casi tres décadas elabora faldas, camisas, rebozos y manteles, trabajando con orgullo y profundo arraigo cultural.

“Más que un oficio, es una expresión artística”, señala López Gómez, quien domina diversas técnicas heredadas de su familia, como el telar de cintura que utilizaba su bisabuela, así como el telar de pedal. Aunque comenzó desde niño con el bordado en punto de cruz, su interés lo llevó a explorar distintas formas de creación textil, manteniendo siempre viva la tradición.

Este cambio en el mundo del tejido va más allá de lo artesanal y refleja una evolución social. Durante años, muchos hombres practicaron este oficio en silencio, al considerarse una actividad exclusiva de mujeres. Hoy, esa percepción comienza a modificarse. “Hay mayor apertura, ya no se ve mal que un hombre teja”, afirma el artesano, quien destaca que el valor del trabajo no depende del género.

El reconocimiento a su labor ha trascendido fronteras. Este año, dos de sus piezas fueron presentadas en una pasarela de la Semana de la Moda en Nueva York, un momento clave en su carrera. Aunque no pudo asistir al evento, considera cada exhibición como un avance en la visibilización del trabajo textil indígena. Asimismo, su participación en el encuentro Original Yucatán, realizado en Mérida, refuerza el respaldo institucional a la difusión del arte y la cultura de los pueblos originarios.

Cada creación implica un gran esfuerzo: algunas prendas requieren hasta 980 horas de trabajo. Su abuela, quien también fue guía y fuente de aprendizaje, celebra con orgullo sus logros. “Ya no es un oficio solo de mujeres”, afirma, reconociendo el papel creciente de los hombres en esta tradición.

En un entorno donde el arte textil forma parte esencial de la identidad comunitaria, el telar de cintura se convierte en símbolo de destreza, herencia cultural y cambio social. La experiencia de Chiapas abre el camino hacia una mayor inclusión y diversidad en el ámbito artesanal, subrayando la importancia de valorar todas las manos que preservan y enriquecen esta tradición.

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