Un nuevo análisis científico reveló que el fósil considerado el pulpo más antiguo del mundo, con 300 millones de años de antigüedad, corresponde en realidad a un pariente del nautilo moderno. El espécimen, hallado en Illinois y conocido como Pohlsepia mazonensis, fue reclasificado tras un estudio liderado por la Universidad de Reading que utilizó técnicas de imagen por sincrotrón; los investigadores descubrieron que el aspecto similar al de un cefalópodo de ocho brazos fue producto de una descomposición avanzada antes de su entierro en la roca. Este hallazgo convierte a los restos en el tejido blando de nautiloide más antiguo del registro fósil, superando el récord previo por unos 220 millones de años.
La clave de la rectificación científica residió en el hallazgo de una rádula, una estructura bucal con filas de dientes diminutos oculta en el interior del sedimento; el conteo de once elementos por fila permitió descartar la identidad del pulpo, que posee siete o nueve, y acercarlo a los nautiloideos que presentan trece.
Los expertos determinaron que los dientes coinciden con los del nautiloide fósil Paleocadmus pohli, presente en el mismo yacimiento; así, se confirmó que el animal poseía múltiples tentáculos y una concha externa, características que se desvanecieron durante el proceso de degradación orgánica. Esta evidencia técnica corrige la confusión publicada originalmente en el año 2000 y ofrece una imagen más precisa de la anatomía real del molusco prehistórico.
Este descubrimiento cambia radicalmente la línea de tiempo sobre la evolución de los pulpos, pues sitúa su aparición mucho más tarde, durante el periodo Jurásico. Los datos actuales respaldan la teoría de que la separación entre los pulpos y sus parientes de diez brazos, como los calamares, ocurrió en la era Mesozoica y no cientos de millones de años antes; de este modo, se invalida la creencia de que estos animales existían tal como los conocemos desde hace tres siglos de millones de años.
Para los científicos, el uso de nuevas tecnologías en piezas controvertidas demuestra que pistas diminutas, como una hilera de dientes, pueden transformar por completo el conocimiento sobre la historia de la vida marina.