El actor Luis Alberti encabeza el reparto de El diablo en el camino (México, 2024), largometraje dirigido por Carlos Armella que tuvo su estreno internacional en el Festival de Málaga 2025 y formó parte del Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México. Actualmente, la cinta se exhibe en salas del circuito cultural del país.
En esta producción, Alberti da vida a Juan, un exsoldado del ejército federal que recorre un México marcado por las secuelas de la Guerra Cristera. El personaje avanza a pie por distintos territorios cargando el ataúd de su hijo, con la intención de enterrarlo en una comunidad llamada El Porvenir. En ese trayecto, el viaje físico se convierte también en una búsqueda espiritual, atravesada por el dolor, la culpa y la posibilidad de redención.
La historia se construye a partir de temas universales como la paternidad, la guerra, la pérdida, el amor y la fe, integrados en un relato profundamente arraigado en la identidad mexicana. La película se apoya en elementos del realismo mágico, un lenguaje poco explorado en el cine nacional contemporáneo, para reflexionar sobre aquello que define a la sociedad y sus contradicciones.
El personaje de Juan presenta un arco emocional complejo, marcado por múltiples capas de sufrimiento y fortaleza. A lo largo del relato, se enfrenta a las huellas que deja la guerra en las personas y en el país, así como a los conflictos internos que acompañan a cualquier ser humano ante la muerte y la culpa. El desarrollo del personaje avanza de manera gradual, siguiendo un recorrido que conecta con experiencias humanas reconocibles.
Ambientada en un periodo histórico convulso, la cinta establece paralelismos con el presente, al retratar a un país en constante transformación, atravesado por preguntas sobre identidad, pertenencia y libertad. La fe ocupa un lugar central en la narrativa, no solo como creencia religiosa, sino como un vínculo con la tierra, la memoria colectiva y los imaginarios que sostienen a la sociedad incluso en contextos de crisis.
Uno de los rasgos distintivos del filme es su tratamiento de la muerte, abordada desde una perspectiva sobria y simbólica, lejos de la caricatura o la folklorización. La relación con los ancestros y la cosmogonía mexicana se integran al relato como elementos que dialogan con el presente y definen el rumbo de los personajes.
El diablo en el camino propone una experiencia cinematográfica que combina cine de autor, poesía visual y suspenso, con tintes de terror místico. Sin caer en discursos explícitos ni fórmulas evidentes, la película invita a la reflexión a través de una narrativa accesible, capaz de conectar tanto con públicos especializados como con espectadores que buscan una historia clara y emotiva.
La estructura del relato retoma símbolos profundamente arraigados en la tradición católica mexicana, donde el bien y el mal se manifiestan de múltiples formas. A lo largo del camino, el protagonista se enfrenta a distintas figuras que encarnan estas fuerzas, en un viaje que lo confronta tanto con el diablo como con la posibilidad de redención.
Sin centrarse de manera directa en el conflicto armado, la película utiliza el contexto histórico y la presencia del ejército como elementos que dan profundidad al relato, mostrando a personajes surgidos del pueblo, marcados por la necesidad de sobrevivir. Así, la cinta construye un retrato íntimo y simbólico de México, explorando sus heridas, creencias y contradicciones a través de una historia que avanza entre lo terrenal y lo fantástico.