El arte de lo irracional: la mirada simbólica de Gabriel Bernal Granados

En sus más recientes obras, El ciervo sagrado. San Juan en la pintura de Leonardo y La sombra de mi padre, el ensayista y poeta Gabriel Bernal Granados (Ciudad de México, 1973) explora una misma veta profunda: la fuerza de lo no racional, aquello que se escapa a la lógica, pero habita en la experiencia humana y en el arte.

En El ciervo sagrado, Bernal Granados se adentra en la última pintura atribuida al taller de Leonardo da Vinci: San Juan con los atributos de Baco. En ella, el artista italiano entrelaza dos figuras opuestas —el asceta cristiano y el dios pagano del vino— para construir una imagen ambigua, cargada de símbolos y tensiones espirituales. “Es una dualidad fascinante —explica el autor—, donde el santo y el dios parecen fusionarse en una misma mirada. Me llevó mucho tiempo escribir ese ensayo porque es una interpretación minuciosa de los elementos simbólicos que dominan la obra.”

Aunque breve, el libro recorre un arco que abarca prácticamente toda la producción pictórica de Leonardo. Bernal Granados recuerda que “no se sabe realmente qué fue lo que pintó”, pues el artista nunca firmó sus obras. Sin embargo, su huella se revela en ciertos signos recurrentes: la montaña, la caverna, la vegetación. “En el último ensayo —dice— intento construir una especie de gramática simbólica en torno a estos elementos, que se repiten y dialogan entre sí a lo largo de su obra.”

Más allá del genio racional y del pionero del método científico, Bernal Granados se interesa en un Leonardo inmerso en las tradiciones herméticas y esotéricas del Renacimiento, un hombre que convivía con la luz del conocimiento y las sombras del misterio. Esa tensión entre razón y misticismo, afirma, sigue viva en el arte y en la conciencia moderna.

Esa misma búsqueda interior continúa en La sombra de mi padre, libro que cierra un tríptico inédito y que se vincula directamente con su exploración de lo simbólico. Aquí, el autor se enfrenta a las voces de sus muertos, a los silencios heredados y a la imposibilidad de comunicarse a través del lenguaje. “Mi padre murió de cáncer hace 32 años —cuenta—. Lo que me separaba de él y de mis abuelos era esa imposibilidad de decir, de compartir. Ellos ocultaban heridas muy vivas que yo necesitaba entender.”

En esta obra, la sombra deja de ser solo un tema visual para convertirse en un símbolo de lo absoluto, del inconsciente y de todo aquello que escapa a la inteligencia racional. Así, entre Leonardo y su propio linaje, Bernal Granados traza un mismo hilo: el deseo de comprender la oscuridad que habita en la luz, lo inexplicable que, sin embargo, da forma a lo humano.

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