Cuando pensamos en una bruja, la imagen típica suele incluir una escoba, un caldero burbujeante y, por supuesto, un sombrero negro y puntiagudo. Este icónico accesorio, presente en obras que van desde El maravilloso mago de Oz (1900) hasta la reciente Wicked: Parte II, tiene un pasado complejo que hunde sus raíces en distintas épocas y culturas.
De tocados sagrados a símbolos de persecución
Los sombreros cónicos existen desde la antigüedad. Algunas de las primeras referencias provienen de la Edad de Bronce: tocados dorados decorados con símbolos astronómicos, utilizados por sacerdotes considerados depositarios de sabiduría divina. Hallazgos como las momias chinas de Subeshi (siglos IV–II a. C.) también muestran sombreros puntiagudos, lo que llevó a que se les apodara “las brujas de Subeshi”.
Con el paso del tiempo, el sombrero cónico adoptó connotaciones muy distintas. Durante la Edad Media, se convirtió en un instrumento de señalamiento: herejes, disidentes religiosos y minorías, como los judíos obligados a usar el Judenhut, eran distinguidos mediante estos gorros. La Inquisición española reforzó esta práctica al imponer los capirotes —altos y puntiagudos— a los acusados de herejía o brujería.
Esta asociación histórica entre persecución y tocados cónicos podría haber influido en su posterior relación con la imagen de la bruja, aunque los especialistas no están del todo de acuerdo al respecto.
Brujas y sombreros en el arte
En el arte occidental, el sombrero puntiagudo aparece ligado a la brujería en diversas obras. Francisco Goya, por ejemplo, representó sombreros cónicos en Vuelo de brujas (1798), una crítica irónica a la superstición. Las figuras flotantes lucen sombreros que evocan tanto la mitra eclesiástica como las corozas inquisitoriales, reforzando la conexión entre religión, magia y temor social.
Sin embargo, historiadores como Laura Kounine advierten que, en realidad, muchas representaciones tempranas de brujas las muestran sin sombrero, con el cabello suelto como símbolo de desorden moral. Para ella, el vínculo entre brujería y sombrero es posterior y más fruto de la cultura popular que de la realidad histórica.
Cerveceras, calderos y mitos modernos
Existe la idea popular de que las cerveceras medievales usaban sombreros puntiagudos, lo que habría alimentado la narrativa de las brujas. Aunque algunas investigaciones señalan que es un mito, lo cierto es que estos sombreros y los calderos —comunes en cualquier hogar medieval— contribuyeron al imaginario.
La primera imagen conocida de una bruja con sombrero puntiagudo aparece en The Wonders of the Invisible World (1693), de Cotton Mather, texto clave de los juicios de Salem. No obstante, los sombreros cónicos eran simplemente parte de la moda del siglo XVII; mujeres comunes, como las retratadas en la obra de John Michael Wright, también los usaban.
La consolidación del sombrero negro como símbolo de maldad puede deberse a representaciones teatrales y grabados en blanco y negro, donde la oscuridad se asociaba con lo oculto, el diablo y la noche.
De villana a símbolo feminista
El sombrero puntiagudo ganó su forma definitiva gracias a la cultura popular. La Malvada Bruja del Oeste en El mago de Oz (1939) fijó para siempre la imagen de la bruja con piel verde, risa aguda y sombrero alto.
Con el avance del feminismo, sin embargo, la figura de la bruja fue reinterpretada como un ícono de resistencia. Hoy representa autonomía, rebeldía y poder femenino, acompañada del lema: “Somos las hijas de las brujas que no pudieron quemar”.
En Wicked, basada en la novela de Gregory Maguire, la bruja Elphaba recibe una historia más humana y compasiva, y su sombrero es reinventado por el diseñador Paul Tazewell como una pieza que conecta con la naturaleza y resignifica su pasado.
Un símbolo que evoluciona
El sombrero puntiagudo no siempre significó magia ni maldad. Su imagen actual es producto de siglos de arte, religión, persecuciones, moda y reinterpretaciones culturales. Hoy, tanto en rituales paganos como en Halloween —donde fue el disfraz más buscado de 2021—, sigue siendo un símbolo poderoso cuya lectura cambia con cada generación.