Oaxaca, Oaxaca – «Que no les guste, que los incomode… eso es lo que quiero lograr», dice Armando Guerrero mientras empuja una gran puerta de color oxidado, que nos deja conocer su taller el cual parece una extensión de su mente: ancha, viva, indómita. El capitalino ha hecho de su taller en Oaxaca su trinchera para crear todo lo que no ve desde hace más de 30 años.
Armando disruptivo a todo, solo tenia algo claro cuando empezo a crear sus obras, siempre quiso incomodar a quienes vieran sus piezas, o incluso provocar que a primera vista estas no les gustaran, lo cual siempre ha sido una satisfacción para él, que cada uno interpretara sus piezas de distintas formas y les dieran un significado diferente, no lo que el espera, ni que fueran esteticamente perfectas o aceptadas para el ojo de quien las apreciara.
Nacido en la Ciudad de México, ha vivido por más de tres décadas en Oaxaca, en la Agencia Municipal de Guadalupe Victoria, en la capital oaxaqueña, donde amablemente nos recibió para compartir con nuestros lectores su trayectoria, éxitos y aventuras. Para el artista su obra ha crecido de la mano de este lugar colorido, lleno de contrastes y la intensidad artística del estado. “Llegué y me encontré con una escena potente, diversa, libre… Oaxaca me cambió el trazo”, comenta.
Al caminar por el ancho pasillo que te da la bienvenida a su taller observas algunas de sus piezas, en las que hay distintos colores, formas y figuras. En el área de trabajo del maestro escuchas música desde su computadora, misma que lo acompaña mientras pinta sus obras, principalmente en tela, algo que ha disfrutado en los últimos años.
Llama la atencion una de las mesas que tiene una pieza escultórica que simula una rueda de la fortuna, en la que hay pedazos de distintas pinturas. Es una obra creada por Armando, quien comenta que desde pequeño no solo hacía pinturas, sino que también intervenía sus libretas: «Compraba una libreta, le quitaba el resorte y le ponía dos pedazos de triplay para ilustrarlas. A veces copiaba dibujos y los vendía mis compañeros ahorraban para comprarme esas libretas. Así fue dándose todo», recuerda.


Artes marciales o arte
Guerrero admite que no le gustaba la escuela, por lo que muchas veces no asistía a clases ni entregaba tareas, pues tenía otras actividades que le apasionaban, como el arte y las artes marciales, las cuales practicaba con los profesores Luis Ángel y Martín Cariaga desde muy chico y, entre risas, asegura que ahí sí era disciplinado. Confiesa que no sabía si dedicarse al arte o a dar clases de artes marciales. “Era un campo de batalla entre dos pasiones: los trazos o los puños”, dice con una carcajada. Finalmente, eligió el arte.

Exposiciones impactantes
Relata que expuso y asistió a diferentes casas de la cultura, aunque no siempre vendía mucho, a lo cual le daba poca importancia, pues su pasion era simplemente pintar. Al artista lo han impactado distintas obras de Rothko, Matisse y Leonardo Da Vinci; sin embargo, asegura que fue el mural Jaguar y la Serpiente de Rufino Tamayo, ubicado en el Museo de Antropología, lo que más lo marcó; tenía menos de 9 años, no recuerda con exactitud la edad, pero sí lo que le hizo sentir: “Recuerdo todo, lo veía y sentía algo. Ya con el tiempo supe que me gustaba. Pero yo decía: ‘¿Por qué me gusta si está mal hecho?’”. Describe como veía una serpiente muy grande con un jaguar medio geométrico, lo marcó porque entendió la libertad y su importancia.
“Entendí que el arte era un proceso de libertad. O sea, lo hizo un señor tan grande, tan grande en edad y en todos los aspectos. ¿Cómo se permite hacer esto?”
El maestro Armando asegura que tuvo acceso a las artes: pintura y música, ya que viene de una familia en la que su tía fue muralista y otra, pintora. Nos cuenta que su mamá cuando agarra un lápiz lo hace muy bien, al igual que su papá. Por ello, sus aspiraciones de pintar fueron tomadas como algo normal.“No aspiré a vivir de esto, pero sí aspiré a pintar. Eso es realmente lo que disfruto. Dije: ‘Ay, mientras lo siga disfrutando, lo voy a hacer’, ¿no? Y he tenido la suerte de que me ha ido bien sin aspirarlo. Si lo hubiera aspirado, a lo mejor me hubiera ido mejor”, confiesa entre carcajadas.

Arañas de peluche, el inicio
Sus inicios en el arte se dan en un colectivo llamado Arañas de Peluche, dedicado al arte conceptual y liderado por Maris Bustamante, donde participaron grandes artistas como José Luis Venegas, Mónica Rosas y Alejandro Guerrero, de quienes aprendió mucho. De vez en cuando al colectivo llegaban artistas a hacer colaboraciones, como Jaime Bielma. Ahí estuvo un tiempo hasta que entró a la Academia de San Carlos en la Ciudad de México.
Trabajó y estudió directamente con Javier Alzures, también apoyó en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) ya sea cargándole cosas o platicando con el maestro Juan Acha.
Fue durante esa época, entre los 22 y 24 años, cuando conoció a Lourdes Chumacero dueña de una galeria a la que lo invitaria a participar, con cariño y gratitud rememora la primera galería en la que expuso, y a partir de ahí comenzó un camino artístico que continúa hasta hoy.
Trabajó en diferentes talleres de varios artistas y tuvo que pasar mucho tiempo para que las galerías compraran sus piezas, lo cual entiende, pues las rentas son muy caras y no podían tener cosas que no se vendieran. No se desespero y busco otros escenarios para exponer, asi llego a exhibir y vender sus piezas en mueblerías donde la gente vio sus obras y lo incitaba a seguir haciendo piezas para llevar a la Ciudad de México.
“Y ahí creo que empecé a hacer la economía un poco más fuerte, pero nunca pensé en… nunca mi idea fue vender, pero me ha sonreído la vida. Lo que sí sabía es que no iba a dejar de pintar”, sentencia.

El arte abstracto en sus obras
Al preguntarle al maestro como definiria su obra, asegura: “Creo que estamos en una época que ya no hay definiciones. Ya se acabaron las definiciones, entonces hoy yo nada más pinto y ya”. El pintor menciona que, aunque sigue trabajando con arte abstracto, cuando era joven sus piezas eran aún más abstractas, pues era su forma de lenguaje. Subraya que siempre estuvo muy impresionado por la abstracción.
“Yo tenía en mi mente la idea de que no pintaba lo que veía, sino que pintaba lo que no veía para poder verlo”, comparte.
Para él fue un gran disfrute trabajar con el maestro Gilberto Aceves Navarro, ya que a este le gustaba hacer cosas que no agradaran al público.“Eran cosas excelentes en todos los sentidos: la idea, el dibujo, la pintura… Un gran maestro. Pero a él no le gustaba que le gustara a la gente, y a mí me gustaba también esa idea de que no gustaran. Y sigo haciendo cosas así.”
Asegura que le gusta hacer piezas difíciles de ver, que no agraden a primera vista.
Los árboles, su obsesión
Además del arte abstracto, el artista tiene dos lineas que le gustan y han sido parte de su creacion: los arboles y los stickers boceto. Estos últimos nacen como parte de sus bocetos, ya que el maestro Moyano siempre les decía que una idea era muy importante, que al menos debían “bocetar”, porque las ideas no son fáciles de adquirir.
“Entonces, se me ocurren muchas ideas y luego me es difícil pasarlas a una obra grande porque estoy muy metido aquí, o en los árboles, o en otra cosa. Y entonces, las desarrollo en el iPad, y después las tengo como stickers y me pongo a pegarlas”, explica.
El maestro nos platica que el proyecto de los árboles comenzó como un acto simbólico, en el que quiso representar a Sor Juana Inés de la Cruz; no recuerda exactamente si fue por su poesía, su vida o su figura misma, comenzó a pensar que un árbol era la representación ideal de la poeta.
“Y ahorita ya no sé, ya se convirtió en una obsesión. A veces he querido dejarlo conscientemente… o no, pero no he querido dejarlo”, confiesa.
Al preguntarle cuáles son las características constantes en sus piezas, asegura que es la forma de matizar, lo que tiene que ver con crear sensaciones: “A veces pueden ser nostálgicas, a veces muy violentas, muy fuertes. Según yo, eso muchas veces se consigue con la línea”. Le encanta que sus pinturas sean como un libro, diferentes lectores leen el mismo, cada uno entiende cosas diferentes; asi debe ser una obra vista desde diferentes perspectivas y comunicar diferentes emociones e interpretaciones.
“Y así nos pasa a los pintores: nosotros pintamos algo y, sin querer, lanzamos mensajes que la gente puede interpretar. Los puede sentir. Y eso es lo que a mí me encanta”.

Museo Mati
Nos comparte su proyecto actual en el Museo Mati, un espacio museo en La Paz, Baja California, donde busca invitar a más artistas a exponer sus piezas; el traslado de obras es complicado por las distancias, está muy entusiasmado con la idea. Tiene muchas ganas de compartir el espacio con artistas, llevar parte de su cultura y mostrarse, lo cual ha salido bien.
Además de este proyecto, Armando está presente en galerías en distintos estados, Nuevo León, Baja California y Ciudad de México, donde se pueden visitar, conocer y adquirir sus piezas.
En cuanto a exposiciones, ha tenido varias. La más reciente fue en la Galería Cuatro Sie7e, donde presentó una serie de cuadros de líneas misma que fue muy exitosa, un logro para el maestro.
Las obras del maestro Armando Guerrero han sido exhibidas en Florencia, Miami y Madrid.
Armando combina sus estancias entre Oaxaca, Ciudad de México y Baja California, lo cual se refleja en sus piezas:“Estoy afectado por mi entorno, para bien, para mal, para todo lo que tú quieras. No es lo mismo estar en Oaxaca que estar en México o que estar en La Paz. Entonces, cuando pintas en Oaxaca y ahí pasa algo, porque está pasando algo…”
“Mi arte no es para gustar. Es para hacerte sentir, aunque sea incomodidad. Si logré eso, entonces ya pinté”, concluye con una sonrisa.
Para conocer más al pintor Armando Guerrero, adquirir y apreciar su trabajo en redes sociales: @armandoguerrerof y @museomati.