Ariana Harwicz, la mente inquieta detrás de la novela que Lynne Ramsay llevó al cine

Cuando Lynne Ramsay anunció que su nueva película estaría basada en Mátate, amor, una oleada de curiosidad recorrió el mundo del cine y la literatura. ¿Quién era la autora de esa historia tan brutal y poética que había seducido a una de las cineastas más admiradas de la actualidad? La respuesta lleva a Ariana Harwicz, escritora argentina de estilo feroz, visceral y profundamente humano, una voz que desde hace más de una década desafía los límites de lo decible.

Nacida en Buenos Aires en 1977, Harwicz abandonó Argentina en 2007 y se instaló en el campo francés, donde vive rodeada de silencio, escribiendo entre la soledad, los árboles y su propia rebeldía. Formada en literatura comparada en La Sorbona y en artes del espectáculo en París, su escritura respira esa mezcla de lirismo y desobediencia que se siente tanto en su obra como en su vida.

Su debut, Mátate, amor (2012), irrumpió como una descarga eléctrica: una novela corta y violenta que narra la descomposición mental de una madre joven, atrapada entre el deseo, la frustración y la imposición de la maternidad como refugio sagrado. El libro escandalizó y fascinó a partes iguales, fue traducido a varios idiomas y en 2018 apareció en la lista larga del Man Booker International Prize. Con La débil mental (2014) y Precoz (2015) completó la llamada “trilogía de la pasión”, tres exploraciones descarnadas sobre el cuerpo, la locura y el amor que hiere.

A esos títulos siguieron Degenerado (2019), donde se adentra en la mente de un pedófilo sin ofrecer consuelo moral alguno, y Perder el juicio (2024), una mirada sobre la alienación cultural y judicial de una madre extranjera. En paralelo, publicó el ensayo Desertar (2020), junto a Mikaël Gómez Guthart, y actualmente prepara el libreto de una ópera para el Teatro Colón.

Su estilo es inconfundible: una escritura que combina violencia y belleza, que se sumerge en las zonas más incómodas del alma humana sin pedir permiso. Harwicz ha dicho que la literatura “no está para dar lecciones, sino para atravesar la oscuridad”. Y lo hace con una prosa cargada de deseo, delirio y ritmo, donde los cuerpos piensan y los pensamientos sangran. Esa radicalidad la ha convertido en una figura celebrada por medios como The New Yorker, Granta y Paris Review, pero también en una autora incómoda para quienes prefieren una literatura más dócil.

Polémica y lúcida, Harwicz ha sido censurada incluso por los algoritmos: en 2021, Twitter bloqueó su cuenta por considerar el título Mátate, amor como una incitación al suicidio. Ella respondió denunciando la “censura encubierta” de la corrección política. Sus opiniones —como su defensa del arte libre de dogmas o su crítica al boicot cultural a Israel— han generado debates encendidos en los círculos intelectuales.

Hoy, su nombre vuelve a los titulares gracias a Lynne Ramsay, quien adaptó su novela al cine bajo el título Die, My Love. Estrenada en el Festival de Cannes 2025, la película confirma lo inevitable: que la literatura de Ariana Harwicz, con su mezcla de brutalidad y ternura, estaba destinada a cruzar fronteras y a seguir provocando —esta vez, desde la pantalla grande— la misma inquietud que despierta en el papel.

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